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[Por Gemma Lienas ]

¿Discriminación positiva? No, gracias

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Recientemente se ha hecho público que la nueva Ley del Cine incluirá medidas que fomentarán la igualdad entre hombres y mujeres. Tal como se ha planteado en los medios de comunicación, el anuncio ha desencadenado un huracán de protestas, lo que debería llevar a periódicos, radios y televisiones a revisar su forma de enfocar determinadas noticias. En este caso concreto, se echa en falta, en primer lugar, una mención explícita a las desigualdades que, en función del sexo, lastran nuestro cine. Y en segundo lugar, se hubiera necesitado una redacción más precisa y menos tendenciosa.

El mejor resumen de lo que acabo de decir me lo brinda un periodista, que entrevista a un actor y le pregunta: “¿Qué piensa de la discriminación positiva que establecerá la Ley de Cine?”. Como el actor no sabe en qué consiste, se lo explica: “Que las películas dirigidas por mujeres recibirán más subvenciones.”

La guerra está servida.

Según el estudio “Mujeres y hombres en el cine español”, encargado por la Asociación de Mujeres Cineastas y de Medios Audiovisuales (CIMA), los sexos se reparten de este modo, según categorías profesionales: en dirección un 10% mujeres y un 90% varones; en guión un 20% mujeres y un 80% hombres; en dirección artística 30% y 70%; en equipo especialista en maquillaje, peluquería y vestuario: 85% y 15 %. Porcentajes que son similares a los del mundo de la empresa: mayoritariamente, ellas son secretarias y ellos, directores.

El argumento que se utiliza para justificar semejante desequilibrio es el de una masa crítica insuficiente, es decir, pocas mujeres preparadas. Aunque dicha tesis no es creíble porque con ella ya se pretendía hacer callar a las mujeres en los años 80. Y en 30 años el número de mujeres preparadas ha aumentado exponencialmente.

Todavía hay más: el punto de vista de la mayoría de películas es androcéntrico, es decir, ni se cuenta la historia desde la mirada de una mujer ni para la mujer espectadora. Por ejemplo, jamás una mujer consideraría la película de Almodóvar Hable con ella como una historia de amor sino como lo que realmente es: una violación.

Tampoco los personajes se libran de las desigualdades. Sólo hay historias para mujeres jóvenes; las de más de 40 se ven obligadas a retirarse. Aunque siempre les queda el recurso de reinventarse el físico hasta el infinito, como hicieron con el de Marlene Dietrich, a quien le arrancaron todas las muelas para que tuviera un rostro más interesante.

Y por último, el tipo de argumentos, también con un sesgo masculino. Por ponerlo en palabras de un internauta: “si a partir de ahora las subvenciones se las llevan las mujeres, dejaremos de ver películas de acción y nos inundarán con películas tipo Isabel Coixet”.

Esos desequilibrios se perciben en todos los ámbitos. En el mundo académico: 72 universidades públicas y privadas españolas y sólo cuatro mujeres rectoras; en política: el 10% de los municipios españoles tienen una alcaldesa; en las letras: mujeres que han recibido el premio Cervantes, ninguna; en los Consejos de Administración de las empresas del Ibex, sólo un 6% de mujeres.

Podríamos examinar otros sectores profesionales y siempre constataríamos que los varones llevan siglos aplicándose la discriminación positiva, así que, al margen de su capacidad o medianía profesional, se han reservado los puestos más relevantes, han obtenido la mayoría de premios (por ejemplo, en literatura; pero esto se lo contaré próximamente) y, lo que es peor, han determinado los criterios por los que un producto cultural es excelente o no lo es.

Por todo ello, estoy en contra de la discriminación positiva. Otra cosa es que, para resolver estas desigualdades seculares y reequilibrar la balanza, sean precisas acciones positivas como la que propone la nueva Ley del Cine, acciones refrendadas por las políticas de trabajo que impulsa la Unión Europea.

Son mecanismos correctores que pretenden que una mujer capacitada y competente, a pesar de ser mujer, pueda alcanzar el mismo nivel que un varón.



2009-09


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