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El uso capitalista en serie del cuerpo de la mujer en Ciudad Juárez. El cuerpo como representación del poder. El arte colectivo y político ciberfeminista mexicano

Por Sonia Ordoñez

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En Ciudad Juárez han sido asesinadas 280 mujeres en diez años. Aunque el problema de la violencia es complejo se explica por razones que desarrollaremos aquí. Se concentra en una zona geográfica determinada, la frontera México-EEUU. La producción de asesinatos en serie, en la frontera México-USA y su representación en el ciberfeminismo nos llevan a pensar en ciertas relaciones entre la introducción del capitalismo en la frontera México-EEUU y los asesinatos en serie de Ciudad Juárez, Chihuahua y Tijuana, entre otras ciudades. Esas mismas ciudades, reconvertidas en urbes industriales, han llegado a ser cunas del capitalismo más sangrante, y la violencia es una de las consecuencias de su virulencia.

“La frontera entre México y los Estados Unidos es hoy el único muro de separación nacional que permanece en el mundo”, según Josebe Martínez1. El impacto de la cultura capitalista norteamericana en la frontera de México es aún más aplastante. A mediados de los años sesenta se establece la primera fábrica maquiladora en la frontera. La idea forma parte del plan industrial por la falta de empleo en el campo debida a la crisis alimentaria por la reducción del precio del maíz, cuenta el economista mexicano Víctor Quintana2.

Por otra parte el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), firmado en 1993 por los Estados Unidos, Canadá y México no incorporan normas laborales significativas conduciendo al desempleo y la explotación de los trabajadores: “A partir de este momento México es el país piloto en el que se experimenta lo que ha de ser el orden económico mundial del siglo XXI. Este prototipo económico-espacial creado en el marco mexicano ha supuesto tres máximos ensayos: adecuar un país del tercero al primer mundo en el menor tiempo posible y con las mayores inversiones monetarias posibles, experimentar el ejercicio de una economía basadas en grandes paquetes internacionales, e iniciar el mercado de armamento suministrado por EEUU en el nuevo orden mundial [...] creando nuevas regiones económicas artificiales”3.

Ciudad Juárez, una mezcla de polvo y chimeneas humeantes de las fábricas de las multinacionales que se asientan en esta zona estratégica por la mano de obra barata. El setenta por ciento de las calles están sin asfaltar. Sobre todo mujeres indígenas sus preferidas por la agilidad de las manos, la capacidad de aguante en horas, por su condición de madres de familia y la dificultad para defenderse de los abusos. Las condiciones en que trabajan son pésimas, trabajan bajo amenazas y sin la seguridad mínima necesaria. Un trabajador de una maquila gana una cuarta parte de lo que gana un italiano en la misma fábrica de la empresa BM. Si seguimos la teoría económica de Quintana: “La falta de tiempo y dinero para el ocio hace nulas las relaciones sociales, la comunidad, no hay referentes ni modelos, se rompe la identidad, la solidaridad y desgarra tejidos sociales. Con lo que la pérdida de la identidad indígena se agrava por la alienación laboral”. Como dice el performancero mexicano Guillermo Gómez Peña “Los chicanos somos los nietos macabros de España y la América indígena”4.

Este mecanismo despersonalizador, según una religiosa que trabaja en la ciudad, las reduce y maltrata, se prolonga fuera de la fábrica5: “La mujer está desprestigiada y se la ve como una pieza más de la cadena, se fomenta la acción individual, no de grupo, es un trabajo sencillo, monótono que las embota y distorsiona su vida personal, familiar y social”.

Somos no cuerpo desde que navegamos por Internet, llevamos el móvil a todas partes y nos enganchan a máquinas para sobrevivir. La publicidad, el cine, y los medios de masas fomentan una imagen del cuerpo de la mujer que crea el marco de uso como objeto del mismo cuerpo. El uso del cuerpo por el sistema capitalista aliena el cuerpo de la mujer en Ciudad Juárez, la generalización de la violencia en la zona se explica por razones económicas.

Los cuerpos como relaciones de poder

La reproducción de la violencia sobre el cuerpo de la mujer es un acto de poder para controlar a los individuos y hacerlos dóciles como explicó Michel Foucault6: “No obstante la elaboración textual del relato testimonial, su objetivo original no pierde validez: la denuncia del castigo por la voz de la propia víctima. La reproducción textual del castigo revela que, como acto de poder, forma parte de un conjunto de procedimientos destinados a dividir, controlar, medir, encauzar a los individuos y hacerlos dóciles y útiles”. Los cuerpos son territorios que forman relatos cuyo género se sitúa en orden a la producción de poder7. De nuevo razones económicas llevan a los publicistas a emplear el cuerpo de la mujer en todas partes del mundo. Algunos anuncios comienzan a trasmitir publicidad positiva hacia el cuerpo gordo de la mujer pero es aún una imagen muy fija y estereotipada la que se ofrece en revistas y vallas, en programas de tipo show, en cine comercial y novelas sentimentales tipo culebrón, sin ánimo de generalizar.

La mujer presenta su propio cuerpo como un espacio vencido por la ley masculina, como un cuerpo vigilado. “Las feministas al deconstruir los discursos patriarcales y verdaderos se afirman la identidad femenina mediante la representación de cuerpos femeninos que buscan legitimarse a través de una plataforma cultural descontextiva, o sea, la idea es ubicarse en la periferia discursiva mediante una producción visible por cuanto más público mejor”8 y eso es lo que consiguen en su plataforma favorita, Internet.

Uno de los ejemplos es el caso de la performancera mexicana Lorena Wolffer. En su performance “Soy totalmente de hierro” contra una campaña publicitaria de lencería que se titulaba “Soy totalmente Palacio”. Muestra la mujer callada, ausente, bella, estática, invariable, rodeada de hombres, sujeta a las imposiciones de la imagen de la marca (ver figuras 1 a 3 del anexo). El rojo sobre el blanco y negro refuerza, frente a la pasividad, la fuerza y la pasión con que la artista reivindica una imagen de la mujer distinta a la que suele transmitir la publicidad a la vez que como objeto pasional. Se observa cierta ironía al emplear poses típicamente publicitarias para criticar el mismo discurso comercial y el uso del cuerpo de la mujer en los anuncios valiéndose de la misma estrategia que ataca.

Pocas artistas feministas se proclaman en España, sin embargo, quizá por sus condiciones, la educación sexista, en México, muchas mujeres han salido a la palestra para alzar su voz. La etiqueta de feminista=machismo=desigualdad les ha acarreado una mala fama en todo el planeta de modo que han optado por realizar un arte anónimo, colectivo que les permita llevar a cabo su compromiso feminista a través del arte. Por otra parte, este anonimato demuestra que no buscan protagonismo y se centran en su reivindicación política y social, en un bien común.

Estas mujeres tienen estudios superiores, suelen participar activamente en los movimientos sociales por los derechos civiles en su país. Como ideario tienen una clara orientación de género, la espiritualidad y una conciencia política. Emplean Internet y su anonimato para difundir un arte colectivo que tildan de político.

El origen de este arte y su principal influencia está en la pintura de Frida Kahlo que trabajó con su cuerpo como espejo de si misma, apara verse y tratarse desde fuera como pretenden las feministas hoy: “Analizando el arte de Frida Kahlo aludí a esa exploración que la pintora hiciera del funcionamiento fallido de su cuerpo, y expresé que el punto de inflexión con el arte feminista - sin duda, con el arte femenino- se encontraría en los tópicos de la expresión autobiográfica, el discurso del dolor, la muerte, la maternidad y la fetichización de ciertas partes corporales (ver figura 9 del anexo); todos filos temáticos que, en algunos casos, podrían haber conducido a caso a una estética de culto”9.

Es duro aludir a una realidad como al de las mujeres de Ciudad Juárez. Explícitamente encontramos pocas representaciones, a penas unas pinturas y obras de teatro. Los cuadros de Morillas y Yan expresan el horror de los asesinatos, cuerpos tirados, entre la basura, despersonificados. Sequedad en el ambiente y deshumanización del entorno, falta de calidez, desgarros de girones de piel (ver anexo 4, 5 y 6). Pero más allá se encuentran las reivindicaciones de las performanceras.

Las ciberfeministas

El movimiento ciberfeminista nace con la inspiración del anonimato, que representa al pueblo también anónimo con origen en el Subcomandante Marcos figura que lidera la revolución zapatista de Chiapas. The Woman’s Building de Los Ángeles es la primera escuela de arte feminista donde realizaban performances feministas

En los años 80 hay un boom de performanceras feministas en México. Polvo de Gallina Negra fue el primer grupo de arte feminista mexicano fundado por Mónica Meyer y Maris Bustamante.

Tratan lo cotidiano, el trabajo doméstico y la maternidad con sentido del humor. Se considera un arte político, un género en de gran libertad para abordar temas nuevos con técnicas innovadoras como el vídeo art, la fotografía, las instalaciones, net art, etcétera en espacios independientes, alternativos y fortuitos que las permitan llegar al público de forma más directa.

La performance

Es una actuación artística pública que consiste en la escenificación de un conflicto normalmente de tipo social y este caso de reivindicación de la situación de la mujer. Consiste en representar precisamente aquello mismo que se quiere denunciar. Estas performances son una auténtica terapia de choque para conciencias dormidas.

Dice Irene Khan, la presidenta de Amnistía Internacional que “la violencia contra las mujeres es un escándalo oculto”10. No digamos si entramos a valorar la historia de la violación en la tradición jurídica estudiada por Georges Vigarello a través de la prensa francesa desde el siglo XVI: “La investigación revela rápidamente hasta que punto son los límites y el sentido del delito, la forma de definirlo y de juzgarlo, lo que se somete a la historia [...] la sensibilidad ante la violencia no tiene los mismos criterios ni los mismos grados [...] admitiendo durante mucho tiempo de forma implícita una brutalidad casi abierta hacia los dominados [...] en lo que revela esta historia se entremezclan de forma compleja el cuerpo, la mirada y la moral”.11 Durante demasiado tiempo el espacio de la violencia hacia la mujer ha formado parte del espacio privado.

Por ello, pongamos algunos ejemplos de esta clase de terapia que es la performance: Coco Fusco, precursora de muchas de estas tendencias elabora una de las pocas performances que trata el tema del acoso a la mujer en Ciudad Juárez (ver figura 7 del anexo). En ella aparece una mujer maquiladora trabajando que es reclamada por su jefe con la excusa de que ha cometido un error y termina abusando de ella. Imágenes que no queremos ver.

Lorena Wolffer

En la performance Mientras dormíamos (el caso Juárez) aparece sentada en la camilla de una morgue, pintó con un bisturí marcas en su cuerpo desnudo, que simbolizaban las miles de puñaladas, balazos, mutilaciones, golpes y otras huellas que la violencia ha dejado en los cuerpos de las cientos de las mujeres asesinadas (ver figura número 8 del anexo). Mientras, la voz en off reproducía los casos a la manera de informes policíacos o forenses.

En otra performance recorre la pasarela como top model a lo largo de 45 minutos, pero su cuerpo está maquillado con moratones y golpes. Ha realizado otras obras en la que cuestiona los mitos y estereotipos de los gringos sobre los mexicanos.

Elvira Santamaría

Realiza improvisaciones que analizan los grandes flujos económicos que marcan nuestra cotidianidad desde un punto de vista terrenal, muy crítico, muy femenino con materiales sencillos como un billete, una canicas, periódico y unas gotitas de sangre

Lorena Orozco

Se sabe fuerte físicamente aunque es muy menudita y explota esta aparente contradicción. Utilizando herramientas de alta potencia, corta, taladra y crea estructuras que le sirven para reflexionar sobre la importancia de conjuntar lo intelectual y lo emotivo.

Para terminar, con una pregunta de Lorena Wolffer “¿Quién nos enseña a ser mujer?”, y como dice Elena Poniatowska: “Sólo otras mujeres pueden hacerlo”.

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El uso capitalista en serie del cuerpo de la mujer en Ciudad Juárez. El cuerpo como representación del poder. El arte colectivo y político ciberfeminista mexicano


2007-03


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